Mi nombre? Mi nombre no importa, nunca ha importado. Yo crecí dentro de
una familia de clase media, en un mes cumpliré los 18 años, y si, así
como muchos de ustedes crecí sabiendo que debía encontrar a mi tipo
ideal. Y justo aquí a esta edad, es donde te encuentras perpleja porque
en realidad no sabes a dónde ni con quien vas. Permitanme contarles
acerca de mi personalidad, para que puedan comprender mi historia, que
es por cierto completamente real. Soy una chica que creció entre el
género masculino, ya que desde pequeña siempre fui mas apegada a mi
padre y hermanos, y fui desplazada de mi madre por el infinito amor que
hasta hoy en día mis padres le profesan a mi hermana mayor. Pero vale ya
de tanta introducción, no?
Tengo una blanca y extensa sonrísa, mi cabello negro por debajo de los
hombros, y aunque no soy muy delgada, me desarrollé bastante bien para
mi edad. A lo largo de mi vida, siempre he estado rodeada de hombres,
así que digamos, que aunque para mi corta edad, soy especialista en el
género masculino.
Le conocí el año pasado, con una sonrísa basta, labios gruesos y
carnosos, pestañas largas y ojos color café. Su estatura, deseable..
1.75 cm. Y desde hacía un año que le conocí no me sentí atraída por el,
(destaco el hecho que desde los 15 años que no tengo novio, porque a esa
edad mme di cuenta que la mayoría de los adolescentes tanto masculinos
como femeninos, son unos Pendejos) así que pensé que llegaría a los 20
años sin un novio, me evitaba a toda costa tener amigos con derecho o
free’s, porque había decidido reservarme por competo a ese “chico
ideal”. En el transcurso de ese año, confieso que una noche viendo TV en
mi recamara, por accidente llegué a un canal donde pasaban porno
lésbica, y en ese momento el maldito control no quería funcionar; lo
miré conmocionada por casi un minuto y medio, y luego me di cuenta que
no me dió asco, pero tampoco me gustó. Estaba en un momento donde mi
mayor atracción era admirar un chico por televisión, y si, los asiaticos
me encantan. Pero no quería ninguna relación. Llegaba el,
repentinamente a mi casa, con su sonrisa enfadosa y hombros amplios,
pero yo ni ojos tenía para él, a veces jugando le decía que era gay y el
contestando mi burla y por mi forma de actuar en ocasiones meramente
masculina me llamaba lesbiana, o “lesby” de cariñito. Y el seguía
frecuentandome, me miraba con esos ojos que hasta hoy me doy cuenta, me
derretían. Y luego, veía que hacía un año nadie me miraba, no tenía
ningún pretendiente, y eso me molestaba, nunca he sido bonita, ni poseo
un lindo cuerpo, pero estaba segura que mi actitud y forma de pensar
siempre era la correcta, mi alegría contagiaba hasta al mas apâtico de
la habitación, pero ni aún con eso veía un chico buscandome. Pasó un
año, un año donde me deprimía por no ser atractiva a los ojos y corazón
de un hombre, y llegué a pensar que quizá debía probar el lesbianismo y
me declararía abiertamente bisexual, a pesar que llegaba al mismo canal
en la TV no me sentía satisfecha, y mi depresión aumentaba. Opté por
dejar mi fallido intento de bisexualismo, y me concentré de nuevo en mi
heterosexualidad. Y llegó el dìa que debo contar, estaba sentada junto a
él, jugando con nuestras manos, cuando sonriendo le pregunté si tenía
novia, y el desviando la mirada me dijo que si, yo le felicité con una
sonrísa, escondiendo mi moles
tia al saber su respuesta
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario